La misma sed de Navil Naime


ISBN: 978-980-424-113-0

El valor de decir que el cuerpo es el lugar de las grandes pérdidas. Dejarnos en la boca la sensación de que estas pérdidas no son muchas y no tienen un ritmo de aparición predecible; permitirnos constatar que solo la palabra poética puede remarcar el borde de las piedras en que se fueron convirtiendo los recuerdos, el anhelo de otras situaciones que ya jamás podrán acaecer; son algunos de los hallazgos que este nuevo poemario de Navil Naime nos permite respirar a través de la belleza que, en este caso, es consecuencia inevitable de las palabras bien usadas, bien colocadas en los sitios donde intuimos el mayor esfuerzo por asir el agua que se va.
            Todo lo que nos rodea y forma parte de nuestras vidas, es susceptible de vaciarse, de quedar sin su adentro, y en esa misma medida nos crece en algún lugar del alma un cuarto de desechos, un espacio donde coinciden lo divino y lo terrenal, el humo de las plegarias y la sangre de los sacrificios; allí van a parar todos los restos de la luz y escuchamos chocar contra sus paredes los ecos de risa que el tiempo siempre nos ofrenda; quizás esto no sea otra cosa que el silencio, ese que desde entonces nos comienza a definir como seres, a completar como espíritus, ese que desde ese cuándo se convierte en nuestra más íntima pertenencia: “Esto que callo/ es todo lo que tengo.” Pero cómo negar que ese silencio tiene una sed adicional que le funge de fuente, que lo envuelve en médula y sentido, la sed que duele en el exilio, la que se padece por un estanque donde un niño habita, la que se escurre por la cicatriz de un retrato desde donde un padre sonríe a su propia ausencia; la que deja la niebla de una mujer que se hiere en la espera de la oración, porque solo el rezo o el poema es un lugar de refugio que le permite a la sangre zurcir los instantes que van borrando las preguntas.
            ¿Cómo decir que el agua suena en la cercanía de un desierto? ¿Cómo pronunciar la muerte de los sucesos que una vez brillaron plenos con sus exactitudes? Se hizo necesario acudir a la misma pausa con la que el destino nos asedia. Levantar la polvareda de sus respuestas y caminar con suma precaución por el sediento errar de sus cauces; se hizo necesario escribir La misma sed, que es el resplandor de un testimonio que aletea en las manos su ruido de pájaro vacío, el gesto de una mirada que no pretende recuperar nada de lo ido– esa agua que reitera la sed–, y se conforma con decírselo nada más y así aliviar los lastres de la memoria. Entonces el poema se nos muestra como el lugar donde mora una vida callada por la humildad, por saberse realidad de un consuelo. Son muy escasos los poemarios que nos permiten enfrentarnos con nuestra propia despedida, y este que nos presenta hoy el poeta Navil Naime lo logró en mí apenas hube terminado de gozar su lectura. Son muy escasos los poemarios que nos abrigan con brazos fraternos y nos dicen: “Ya no alcanza el amor/ para encontrarnos.” Tenemos la dicha de que La misma sed, sea uno de ellos. Con ese inmenso verso anterior, con esa fórmula mágica, brota la vida como un hilo de sangre y anhelo que se desenrolla construyendo distancias, pero a estas, generalmente, las dejamos de lado, no le prestamos atención a los fragmentos que deja a la deriva, y nos adentramos a un presente que creemos se comporta como una versión inédita del destino; Navil Naime nos señala nuevamente el silencio que le es afín, y nos advierte: este presente porta la misma sed de siempre, el mismo tal vez expectante en las ventanas, el mismo polvo que relampaguea esperándonos, por eso afirma: “Qué extraña religión/es la distancia.” Y al hacerlo, ya sabemos con qué devoción debemos acercarnos a sus profundidades, porque solo una distancia avanza sobre otra hasta “hallarse en lo que falta”, ese vacío donde Dios cava y cava su tumba.
                                                         Arnaldo Jiménez




Navil José Naime Yajie

Cantaura, Anzoátegui, Venezuela, 1961.


Mención honorifica en I Premio Nacional de Literatura “Rafael María Baralt” 2012, Venezuela, con el poemario “Viejos sonetos y otros poemas”.

Premio Mención Poesía IX Concurso Literario Internacional Bonaventuriano 2013, Cali, Colombia, con el poemario: “Mil palabras para la tristeza”.

Segundo Lugar Poesía Mención “Décima”, I Bienal de Literatura Lydda Franco Farías, 2014. Venezuela, con el poemario “Décimas de un caminante”.

Segundo Lugar Poesía IV Concurso “Por Una Venezuela Literaria, 2014, con la obra “Escarcha y ceniza”.

Jurado del concurso “Por Una Venezuela Literaria” Mención Poesía, Caracas, octubre 2015.

Premio Nacional de Poesía, Bienal Nacional de Literatura ‘Julián Padrón, Monagas, 2016, con el poemario “La misma sed”.

Premio Nacional de Poesía, Bienal Nacional de Literatura “Manuel Felipe Rúgeles 2017 con el poemario “Regresos”.

Finalista “V Premio Internacional de Poesía Pilar Fernández Labrador, España 2018, con el poemario “Retratos del silencio”.