El Fantasma de Prospect Park 





La portada es impactante; sobre fondo negro, una calavera con un cigarro en la boca, casi parece sonreír macabramente, en un guiño sarcástico a la muerte.
Ésta es la primera aproximación a un libro escrito por Albo Aguasola, titulado; Él Fantasma de Prospect Park¨.
¿Pero a qué se debe esta portada, en un libro donde el protagonista es un fantasma? Es que este ser de otro mundo, está buscando su cabeza, y por supuesto, el tiempo avasallante, tiene a la fuerza que haberla dejado transformada en esa imagen fría de huesos impersonales, que sólo guarda de su antigüa apariencia, una perfecta y alineada dentadura.
¿Un fantasma sin cabeza? ¡Vaya idea! Pero como es fantasma y tiene dotes prodigiosas, puede subsanar esos ¨pequeños defectos¨ de no poder ven, por ejemplo; y allí brillan el sarcasmo y la ironía que campean en todo el relato.
A su vez, el otro personaje – Onelio -  también anda buscando; quiere encontrar a la madre. Dos búsquedas disímiles, pero que los une en la sensación de no estar plenos, de que algo importante se ha perdido. ¿Y qué su humano no siente ese vacío interno? ¿Qué su hermano no está a la búsqueda de algo, que a veces no se tiene conciencia de su contexto – cabeza, madre- pero que mora en lo más profundo de nuestro ser?
De ahí que esta novela de Albo Aguasola, que se nos presenta a la vista como un cuento de terror, que luego nos mete en un mundo sarcástico, en toques de humor negro, termina siendo un gran ensayo sobre temas profundos que conciernen a toda la humanidad; sentido de la vida, amor, justicia y muerte.
Pero tampoco este relato se queda ahí, sino que se expande, y el lector encuentra largos párrafos donde reina la poesía y la ensoñación y donde las imágenes de sensaciones y emociones - internas o provocadas por el ambiente en que se desarrolla la historia -, coinciden en lo más íntimo.
Es difícil entonces catalogarlo, pero quizás allí reside el encanto del libro. No hay nadie que no se identifique en parte, por lo menos, de lo que se describe. Si no nos engancha el terror y el suspenso, nos gustarán las descripciones bella y románticas. O nos dejaremos llevar en el planteamiento de serios problemas existenciales, que, a su vez, no nos agobian, pue allí encontraremos el humor, para no caer en la depresión que causa el observar los grandes errores humanos.
En total, “El Fantasma del Prospect Park” es una lectura recomendable a todo nivel, para toda edad, sexo o condición social. Y si se es un lector atento, nos dejará pensando sobre la vida y sobre nosotros mismos, y quizás nos deje una enseñanza positiva en la búsqueda de la realización de nuestros propios deseos.
La ambientación de la obra comienza en un parque de Nueva York, muy conocido por Agua Sola como todos los parques de los Estados Unidos, es extenso y hermoso, en ese intento perenne del estadounidense de escaparse del cemento y el bullicio frío de sus grandes ciudades y tener siempre oasis de verdor que los acerquen a la madre – tierra.
Quizá se quiera pedir perdón y buscan redimirse por la intromisión salvaje y destructiva del ser humano en la naturaleza.
Para que este bello cuadro, donde trinan los pájaros, revolotean las mariposas y esparcen su perfume las flores, se vuelva tenebroso, debe caer la noche. Cuando a oscuridad reina lo maravilloso duerme y puede aparecer el terror: - “Aquí y desventurada, noche oscura y sin consuelo”.
Entonces ocurre el primer asesinato …luego Aguasola nos presenta a Oneido y nos va introduciendo en su complicado mundo. Un ser que, atormentado y tomando malas decisiones, tuerce su naturaleza afiable y sus buenos sentimientos, convirtiéndose en ser capaz de cometer atrocidades para lograr su ambición. Aflora en él la dualidad humana y la una perenne entre el bien y mal.
Y ante tanto horror, parecería que triunfa la maldad. La noche oscura sigue cerrando sus faces una y otra vez, dando oportunidad a más crímenes. Se suceden más y más atrocidades en una espiral implacable de crueldad. Aguasola nos muestra cómo una decisión lleva a la otra y el mal parece tomar posesión y dejar a los protagonistas en un círculo cada vez más cerrado de dolor y sufrimiento.
Mas al fin, irrumpe la inocencia y el amor, que hace sufrir el arrepentimiento y que reencuentra a nuestro ya amigo fantasma en la belleza y los deseos de redención y cambio.
El fantasma aprende la lección y decide aceptar esa redención. Al hombre – Oneido – le llega la justicia Divina y la humana y nos queda la incertidumbre de saber si también logra entender y llegar a redimirse, ¿Será posible que la humanidad se salve? ¿Podremos llegar alguna vez a esos sentimientos de que nos habla el fantasma al decir; ¨¿Por qué renunciar a la alegría de vivir etérnamente, aceptando que hubo dolor en mi caída? No, yo no estoy muerto. ¿La muerte qué es? ¿Acaso no es el camino hacia una vida más exuberante? ¨
Aguasola, es este final, quizás apunta a señalar que el ser humano como tal, atrapado en un cuerpo, no tiene salida.

Pero el ser no es sólo un cuerpo humano. La muerte es sólo un cuerpo humano. La muerte es sólo un paso que nos abre, esperanzadora muerte, el camino hacia otra dimensión, más feliz y plena.  
- Albo Aguasola