Presencias, poemario de Elennys Oliveros



Presencia y ausencia

En este poemario distintos momentos y experiencias permanecen suspendidos alrededor de una presencia, una figura que los conserva envueltos en una atmósfera de sonidos, luces, sensaciones y emociones, y que accede a ellos apenas rozando esa urdimbre impalpable. Los evoca con el lenguaje intuitivo y delicado de un cuerpo tan sensible que incluso lo intangible le imprime huellas y lo va revistiendo de imágenes poéticas hermosas y sugestivas; lo convierte en una especie de veladura de su propia memoria. Ella levita y el tiempo la sostiene, a su percepción le basta impregnarse de un aroma para destejer las historias que se tejieron alrededor de él, y puede ser aun más delicada y abordar, no el aroma, sino su recuerdo. La intuición hace un recorrido en el que advierte todo lo que puede ocurrir y lo que pudiera desaparecer. El tiempo le habla de lo efímero y lo frágil, la presencia, que intenta avanzar entre ambos, extraña y presiente.

La nostalgia, ese sentimiento liviano que fácilmente se despliega tras el vuelo de una libélula, y que exhibe -como en una superposición de imágenes veladas- distintos momentos en escenarios simultáneos, es otra manera de asir, de asirse, de acariciar. La poeta está consciente de que las cosas no están dentro de las cosas, sino en el imperecedero vínculo que se ha establecido con ellas. Aborda, no el objeto en sí, sino el objeto creado, el que se ha construido en el vínculo entre ella y el objeto perdido, ese en el que se enfoca el desapego, que no cambia con el tiempo ni se puede perder, que permanece envuelto en las situaciones de las que formó parte y está irremediablemente impregnado de emociones y reminiscencias.

Presencias es un libro en el que se leen sonidos, luces, olores, y se llega a través de ellos a través de las emociones. Pareciera que el olfato, el oído y la intuición han emprendido el registro de las vivencias que se han desprendido de los objetos palpables para liberarse del deterioro, ya que de esa forma pueden permanecer intactas en la memoria y escapar también de las leyes de lo corpóreo, los riesgos de la posesión y la pérdida.

Cerca del final del libro, un suceso histórico –una marcha, una protesta- demanda la presencia de un cuerpo que recorre las calles, movido por la necesidad de defender sus principios, y el cuerpo, que ha corrido el riesgo y ha resultado lastimado, es abordado con la delicadeza de quien describe el hecho nombrando movimientos y olores, sin tocar la piel, para no volver a herirlo. Este pudiera ser el momento en que el cuerpo hunde sus dedos en la tierra y la defiende desde el instinto, percibe los temores, las ansias colectivas, la represión, la huida, el resentimiento y, por último, la nostalgia. Se ha desprendido, en ese contexto histórico, de una parte de sí misma. Siente la fractura, la refracción, pero el hilo de la nostalgia es impalpable y no se rompe, así que ella no logra alejarse; está consciente de ello cuando dice: No me iré a otro lugar / a respirar el mismo aire / a escuchar las quejas de todos / Subiré, hurgaré muy dentro de mí / Buscaré doce piedras que me sirvan de ancla / y navegaré en mi propio océano, y pareciera que las doce piedras, las pequeñas anclas, estuvieran, de allí en adelante, en el océano en que navega, que es su memoria.



Damarys González Sandoval

Sobre la autora: 

Elennys Oliveros: Escritora venezolana. (Santa Bárbara del Zulia, 1981). Es licenciada en letras hispánicas  de la Universidad del Zulia, licenciada en educación mención lengua y literatura de la Universidad Católica Cecilio Acosta. Magíster en lingüística de la Universidad de Los Andes. Se ha dedicado a la docencia y a la investigación en el campo de la lingüística del texto. Actualmente es profesora de planta de la Universidad Surcolombiana. Entre sus obras se encuentran: Una hora en la que no era una (2013), poemario que obtuvo el primer lugar en el II Concurso Por una Venezuela Literaria, auspiciado por la Editorial Negro Sobre Blanco;  Silbido de enaguas (2015),  pieza en la que se vislumbra un juego entre las simulaciones, los olores y la permanencia. Presencias, es el tercer poemario de esta poetisa.