Entre Saramago y el Emprendimiento



Entre Saramago y el Emprendimiento
Por: Gusmar C. Sosa C. 



Siempre fui un tanto rebelde ante la idea de la educación tradicional. Debo confesar, no siempre, sino desde mis 16 años de edad. Mi desencanto surgió por la Química. 



Según quienes fueron mis maestros y profesores en la escuela básica y el bachillerato, yo fui un estudiante ejemplar. En eso coincidieron siempre. Pero Débora, la profesora de Química del Quinto año de bachillerato, sección A, institución San Antonio del estado Zulia, Venezuela, yo no estaba al nivel de graduar.


Me tocó recuperar con un examen la materia, y fue así como no pude ir al acto de grado. Pero esta historia no trata de mí; o mejor dicho, aquí soy un personaje secundario. El protagonista es un paisa, un colombiano cuyo nombre suena en todos los rincones de Medellín que he recorrido: Iván Mazo Mejías. En cuanto al contexto una Universidad, mi némesis. Pues después de mi desencanto en el Quinto año de bachillerato, la educación tradicional se convirtió en mi archienemiga.

Lo encontré sentado en un establecimiento comercial entre los pasillos de la Universidad, a su mano izquierda un recipiente con zumo de limón; en su mano derecha un libro. Ni siquiera notó nuestra presencia hasta que la persona que nos conectaría pronunció su nombre en tono de un saludo caluroso y muy amistoso. Cruzaron algunas palabras, me costó entenderles, el ritmo y acento del paisa son elementos ajenos a mi cotidianidad.

La siguiente hora fue un bálsamo, un oasis después de recorrer días áridos en mi país. La literatura se convirtió en uno de los temas principales, sonó el nombre de Saramago. El emprendimiento fue un hilo conductual durante la hora.

En medio de la conversación descubrí la Escuela de la Riqueza, donde se pregona una filosofía de vida que marca la diferencia a nivel cognitivo y espiritual, lo que da como resultado una conciencia más elevada.


La conversación se extendió, y confieso que me siento agradecido por ello. Iván Mazo pronuncia verbo vivo, ideales capaces de transformar mentalidades, que bien podrían embriagar el pensamiento humano hasta reformar, desde el pensamiento, las actitudes y así originar el surgimiento de un nuevo hombre que en suma restaura a una sociedad.


Medellín para mí está significando mucho más de lo que esperaba, más que una ciudad se va convirtiendo en un refugio, y entiendo que éste párrafo abusa del gerundio; pero eso es Medellín: un verbo en movimiento, y el protagonista de mi relato puede ser una personificación de la ciudad.