Fragmentos de El Fantasma de Prospect Park



Fragmentos sobre “El Fantasma de Prospect Park”

Por Nayle Rodríguez




Un día de los últimos de Octubre se le vio aparecer en medio de la oscuridad, hacía un frío escalofriante y cruel, el viento chiflaba enredado augustamente entre las ramas, los cisnes huían de la ribera adentrándose en la profundidad del lago como presagiando un mal profundo, parecía que el cielo lloraba destrozado sobre la superficie de Prospect Park, alrededor de un triste árbol, que a causa de los años lucía encorvado revoloteaban algunos vampiros.





Era una figura macabra, malhumorada y amenazante aquella que le observaba.

La noche empezaba entonces a heder muy feo.



El joven sintió un odio atroz en el peso de esa mirada tan siniestra y polvorienta, asustado aceleró aún más y penetró en el interior del mencionado puente, mientras escuchaba los pasos de aquella mole humana que se acercaba, logró salir del túnel y enfiló hacia LullWater Bridge con la esperanza de encontrar alivio, pero comprendió que sería imposible escapar de las garras del desconocido si mejor no cambiaba de táctica y se ocultaba entre el follaje.



El joven acurrucado entre las ramas del árbol sintió un miedo horrible, veía como por obra de algún extraño sortilegio se le escapaba la alegría, como se le empezaban de golpe a dificultar esos sueños sin cumplir, esas ganas de vivir para siempre, todas esas ideas que deseaba cristalizar en sus proyectos literarios, además pensaba en ella y soñaba con que esa vida fuese a su lado, pero sin embargo ahora lo aturdía un extraño vértigo y sentía que lo acorralaba la muerte y que no tenía como evitarla.



Entonces el nervio lo traicionó, y cuando la sombra maldita estaba por marcharse se le deslizó a mala hora el cuaderno de apuntes y cayó desde lo alto muy pesadamente contra el suelo y su impacto provocó un ruido grotesco y seco al tropezar con los escombros y con las hojas muertas.



El monstruo asesino concentrado en su odio poderoso y corrosivo casi no hablaba, pero se reía torpe y descaradamente cada vez que lo oía clamar ingenuamente por su vida, “vivir para siempre, je, je, je” se burlaba.



Se sentó en la mesa y lleno de confusión se puso a cavilar, dejando a un lado sus propias preocupaciones para después, tan solo por tratar de comprender ese desafiante y tenebroso enigma. Buscó en la computadora artículos históricos y recientes relacionados a Prospect Park, leyó un poco sobre su inauguración allá por el año 1867. Sobre el lago donde flotaban los cuerpos hostigados por el fantasma, sobre el cementerio de los cuáqueros, los castillos que lo poblaban, los puentes que ahora le parecían embrujados.



Entre esos encontró la historia del degollado, y para tratar de ubicarse en la New York de aquellos tiempos, creyó muy importante apuntar la fecha, eran finales de Octubre del 74. Se asustó al leer el resumen, efectivamente un hombre joven había sido asesinado sobre la pared de Terrace Bridge, allí mismo junto a las aguas, y ahora él tenía la oportunidad de resolver el suceso, gracias a su extraño sueño.



Los investigadores sospechaban de un robo, pero no tenían más pistas, pues el crimen había sido perfecto y después de tanto tiempo clausurado. Jamás se supo la identidad de los actores del célebre drama, ni se encontró la cabeza del que en vida la había poseído.



Aquel fantasma asesino posiblemente buscaba venganza, mataba creyendo acabar con el ser que en el pasado cegó su existencia o quizás pensaba que dentro de sus poderes ocultos tenía la fórmula de volver a la vida aniquilando a los desprevenidos transeúntes.



De pronto sintió un vacío extraño, un vaho misterioso enmudeció el ambiente, un miedo desgarrador le congeló el nervio, la noche antes tan silenciosa sonaba como metal fundiéndose, algo lo suficientemente áspero y fuerte lo golpeó en los tobillos y le hizo gritar de angustia, tuvo deseos de voltearse porque se sintió observado, notó que un viento descomunal lo envolvía y que algunos quejidos angustiosos se filtraban entre las ramas, luego cayeron las primeras gotas de lluvia, la tierra se hizo infinitamente hostil, huraña y oscura, de súbito surgió de la maleza el llanto desgarrador y seco de un infante, la temperatura que hasta entonces había sido benigna se tornaba ahora más adversa, caprichosa y perturbadora.



Allí lo encontró la madrugada y entonces vio como huía desesperada la silueta del fantasma, la siguió con la vista y la vio desaparecer a lo lejos, entre las piedras de la pared endemoniada, buscó en su memoria y comprobó que era el lugar exacto donde vio al asesino frotar con saña la cabeza decapitada de su víctima en medio de la horrible pesadilla.



—Hey, que aquí me tienes, ¡Oxte, Mefisto! Creías que no vendría, pues ya vez que es ninguno el temor que me infundes, y he venido a exigirte sin ruegos ni pleitesías que te alejes como viniste de este mundo, que bien sabes que no es el tuyo, que pertenece a los vivos, y en cambio tú eres una criatura de muy mala leche, entidad maligna y sanguinaria, que solo trae dolor y muertes, y si no obedeces lo que te ordeno, pues ya verás cómo me encargo de alejarte de mal modo.



—Te equivocas, aun siendo muy poca cosa tengo en mí el calor de la vida, en cambio tú estás muerto, muerto sin esperanzas, aunque intentes confundirme con todo lo que hablas.



— ¡Je, je, je!, iluso, todavía muerto valgo más que ustedes, pues aunque tengan vivo el corazón tienen el alma seca, y son tan conchudos y descarados que aun temiendo a su Dios con sabor y encanto pecan.


— ¡Oh, la felicidad, si, la gran felicidad! ―respondió el fantasma con sarcasmo― Yo soy feliz, tú eres feliz, todos somos felices. ¡Mentiras! nadie lo es, malditas mentiras. Yo era feliz creyendo en la felicidad. Pensaba que merecía un poco de esperanza, que todas las primaveras florecían para mí, que esa mujer vendría por fin a cambiar mi mundo. Y lo único que vino fue esa asquerosa bestia, esa fétida alimaña con su ponzoña inmunda a segar mi vida. Ilusos. La felicidad es la más perfecta de las falacias. No existe la felicidad. Más allá de esta vida no nos deben nada, y por eso no somos más que hongos nuevos y viejos, aferrados a un grueso árbol y jugando a que somos pájaros bajo la lluvia en los confines de la gran ausencia. No somos nada, no escaparemos a ese fatal designio de ser tan solo polvo microscópico flotando en el vacío, una gran pendejada somos, una angustia infinita por querer seguir retrocediendo y escapar así, a esa realidad absurda que es pretender vivir estando muertos.


— La vida es una frágil espora, una melolonta sumergida en el sueño más profundo.


— Pero yo soy un fantasma distinto, tienes que ayudarme, piensa en todos esos inocentes que por culpa de mi ceguera y mi obstinación arranco de la faz de la tierra como si fuesen rábanos. Piensa en ese gran promontorio de tristezas, en esos llantos de madres, en esos hijos que desde entonces crecerán huérfanos y desprotegidos, en tanta congoja. Ante mi ira despiadada el globo terráqueo no será más que un pobre ojo que nunca cesa de derramar su llanto. Mañana podrías ser tú, por eso tienes que hacer algo. En tus manos está detener este fatal designio. Si no lo haces vagaré mil siglos en estas soledades, romperé con mis garras la glauca piel de los miserables, iré furioso y sin misericordia como un Atila azotando a la muchedumbre. El bosque se llenará de sangre, el lago de cuerpos deformes que amanecerán flotando como peces muertos, el mundo entero se extinguirá en mis manos, acabaré con la vida como el pico del ave que penetra con fiereza y acaba con los blancos pétalos, el dedo macabro caerá sobre la llaga y extirpará su pus. Y a ti principalmente, a ti, que tratarás de huir como renca sabandija y que ante mi poder quedarás siempre rezagado, abandonado, atrapado, perdido y solo. A ti, te moleré a palos, te perseguiré eternamente y te maldeciré a cada paso, porque en ti estuvo detener este flagelo y por tu cobardía retrocediste. La nuestra será una historia de zapato y culo, de resucitación y muertes.



Minutos después, empezó a enloquecer de nuevo y dijo que la luz le llenaba de odios y empezó con su insoportable arenga. Lo primero que dijo fue "el diablo pa' presidente". Después desvariando dijo que Rayuela tenía que haber sido escrita en New York, para que la Maga pudiese caminar con él por las orillas del lago. Luego preguntó indignado a la noche oscura, como hablando con su asesino, que por qué tuvo que matarlo, si en ese entonces era tan joven y estaba tan lleno de vida.



Y aquella pobre sombra tan desbaratada como estaba, pero a la vez enternecida por esa manifestación de afecto, le respondió algo emocionada y dispuesta a llorar si en ese momento hubiese alguien que le acompañara.


Hubo un momento de silencio en el que Onelio se sintió tan desorientado como un piojo en una peluca de maniquí, o un viajero estelar que se baja de su nave para orinar en ese limbo que nombró el fantasma, donde solo existen asteroides que pasan a velocidades imposibles y vientos gélidos que congelan el meado y lo dejan tan sólido y derechito que el mismo viajero si sufre de gotas o le apetece puede usarlo de bastón.



— ¡El alma nunca pierde su identidad, como no pierden jamás sus círculos los anillos de hadas, lo que fui no dejaré de serlo porque ya no lo sea; pues aún conservo dentro de mi interior la sublime esencia de un corazón poeta!



Y la desgraciada sombra apenas escuchó decir cara, entendió que quiso decir cabeza, y se precipitó por esas soledades arrastrando trozos de ramas secas, tropezándose y revolcándose cuesta abajo con todos los obstáculos que le aparecían a cada paso. Pero sufría al chocar contra las piedras y no poder encontrar lo que buscaba a causa de su torpeza y su ceguera.


Aquella madrugada la aburrida patrulla que terminaba su ronda nocturna encontró colocado sobre un banco un objeto extraño envuelto entre la tela jironada y sucia de un viejo paño. Uno de los oficiales lo tiró al suelo con la punta de la bota y su contenido crujió al estrellarse contra el asfalto. Al caer se abrió la manta y dejó al descubierto una repugnante y agrietada calavera, sorprendido llamó a su jefe y lo puso al tanto del desagradable hallazgo. El siguiente paso para esclarecer el misterio fue detener al sujeto que la dejó sobre el banco.


Mientras tanto la policía llevó el cráneo a los laboratorios. Después de reconstruirlo y de estudiarlo meticulosamente lograron esclarecer uno de los más grandes misterios de Prospect Park: la identidad del degollado. Y sintieron una gran satisfacción al ver que un escandaloso crimen del pasado estaba ya resuelto, aunque en nada asociaron ese caso con el que estaban investigando ahora. Aquel cadáver mutilado respondía en vida a Godofredo Caccharelli.


La sombra entendió que por muchos poderes que tuviese estaba muerto, y que por eso jamás podría luchar contra la luz de la vida, porque la suya era una forma extraña que emergía desde los abismos de las tinieblas, donde se padecía a cada instante la angustia infinita de ya no ser, ni de saber si algún día se volvería a ser. Quería vivir, quería seguir disfrutando del aire fresco del otoño, matar a cuantos inocentes fuese posible en pos de una venganza que después de todo era su gran obsesión, quería vagar confundido en medio de la atmósfera porque esa era su forma de ser eterno.


Ante todos estos caprichos y amenazas peligrosas Onelio se vio derrotado. Repasó su existencia tan miserable y se sintió cansado de tanta lucha, de vivir siempre de medio lado, de sucumbir bajo el yugo del pecado y de tener ahora que cumplirle imposibles a un espíritu misántropo y desgraciado que aprovechando su maldad iba por la vida masacrando almas y doblegando a su antojo las voluntades. Se preguntó por qué todo no acababa allí, por qué mejor no le pedía al fantasma que lo matara y entonces esa amarga pesadilla se terminaba.